El viernes, después de ir a comer a casa (el power trío se cogió el día libre y no me cocinaron ... arg) y de ver Zohan (menuda petardada, pero 10 por el doblaje a lo primo Larrry) quedo con los nenes y nos vamos al Macba de noche. Francesc Torres muy bien. Nancy Spero ... no muy fan.
Al salir nos quedamos por el Rabal y nos vamos a cenar. Un bocata en el Fidel. Como siemrpe, se generan anécdotas. Llegamos, el sitio está a petar. Nos arreglan un par de mesas por que somos como 10. Nos traen las bebidas, pedimos los bocatas y esperamos una hora a que nos los traigan. Mientras esperamos, el camarero pasa entre las mesas con cara de pocos amigos. De repente se para. "A ver chicos, separar las sillas!!! no puedo pasar!!" Se notaba el odio en su mirada. Ese chico no tenía ningunas ganas de estar allí. Los dientes apretados. Los puños cerrados. Los hombros encogidos y el alma muy lejos, seguramente en alguna isla de Hawai, tumbado en una hamaca con una piña colada en la mano y una pulsera de "all included" en la otra.
Parece que el incidente termina allí.
Seguimos esperando los bocatas.
Algunas cervezas ya están casi vacías. Mi Coca-Cola tiene el limón flotando y los cubitos deshechos.
Nuestro friendly camarero vuelve con los primeros bocadillos. A ver el de jamón con queso! el de ... mierda .. no lo veo ... espera ... - nos suelta.
Los de la mesa de al lado comentan lo "simpático y agradable" que es el tío.
Maldición, les oye.
Suelta los platos que todavía llevaba en las manos, se da la vuelta (de manera un poco melodramática par mi gusto) y empieza a gritarles. "Yo hablo como me dá la gana!" Da un paso al frente reduciendo la burbuja vital que le separa de uno de los chicos sentados en la otra mesa. Buf, que valiente que fué el tío, pues no va y le responde! "Yo también puedo decir lo que quiero y si no me parece bien como nos hablas, pues lo digo!". El espacio que separa sus cabezas se estrecha. Los puños del camarero se aprietan. Los ojos se le encienden.
Tensión.
De golpe, como si se tratara de un Cyborg, el camarero se apaga. Se calla, baja los brazos, los ojos ya no le brillan en rojo, los pelos de la espalda ya no están erizados. Se mueve.
Grácias a Diós se marcha hacia la cocina dejando los platos tirados sobre la mesa de manera aleatória. Cap problema, yo prefiero tener que abrirlos y deducir de quién son que comerlo con gotas de sangre.
Durante 5 minutos comemos en silencio.
Nuestra mesa y la de los vecinos hemos tenido suerte.
No ha habido bajas y podemos seguir la noche de viernes con todos los miembros intactos y sin moratones.

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